sábado, 19 de mayo de 2012

Prejuicios - MN

Si hablo de prejuicios debo empezar hablando de mi mismo dado que es una continuación del ego.
Está claro, que entre las corsas que me conforman como persona están mis juicios, mis deliberaciones pero también están esas ideas preconcebidas, tanto hacia mi mismo como hacia los que me rodean e incluso hacia los que no conozco.
Como curiosidad personal, yo suelo y solía dar testimonios de vida referentes al lugar donde estudio y me formo y lo que ha significado para mi la fe, dado que creo en Dios, y nunca me preparaba guión, siempre, al igual que cuando escribo dejo que todo salga como debe salir, porque creo que ya se dicen y preveen demasiadas cosas, que son artificiales, no acaban de ser veraces en su totalidad porque nos esforzamos en que no lo sean inconscientemente, dado que así nos han enseñado. 

Como iba contando, en uno de estos testimonios, al estar ya introducido y tras la presentación me salió una pequeña carcajada, una risa de estas que se contagian despues de ser explicadas, y es que me dí cuenta en aquel momento tal y como dije: "Pues hoy os vengo a hablar de prejuicios..." Y a quién no se le desorbitaban los ojos miraba para otro lado, porque eso era saltarme el guión de lo que ellos esperaba que yo dijese. Es sorprendente la alegría que se causa al sorprender a alguien.
Tras enumerar los prejuicios como tales y como los había roto a lo largo de mi vida no extensa pero si intensa, supe decir lo que en más palabras hubiese sido mediocre... La simpleza, en su acepción de mediocridad, se alarga y agobia como una sombra en verano, lo escribí esa misma noche, que ni acaba de quitar el sofoco ni llega a dar bienestar.

A mi, como a cualquiera, me enseñaron a crecer entre infinitud de prejuicios, a las personas, a los lugares, ¡Hasta al arte! ¿Qué critican de la cultura urbana? Yo he crecido escuchando rap, yo he visto a uno de los artistas que más me ha marcado en mi vida tras su directo bajarse del escenario y estar sin mirar el reloj hablando conmigo, charlando de nuestras cosas como si nos conociesemos de toda la vida. ¿Qué critican del cine? Esa estupided de criticar el cine español cuando solo han visto películas que son parodias. Se saltan pasos, a mi me ha marcado tanto una cosa como la otra, yo he estado con escritores y guionistas españoles que igualmente me han tratado con tanta generosidad y tiempo como a sus obras, las cuales gente ni se molesta en vislumbrar por una sucia idea que refleja una sociedad cerrada, encerrada en ideas que no hacen más que parar.

Seré sincero diciendo, que me importa más bien poco la crisis, mientras hay grupos de voluntarios y personas donando dinero, alimentos, ropa... Y los que son donados, por ideas preconcebidas están criticándolos, esa es la verdadera crisis.
La crisis de no saber ver la verdad.
Tus ideas, metas, sueños, religión, ideales, amistades, gustos... Nunca, repito y enfatizo ese nunca, son motivo de una etiqueta, de un insulto, de una mala cara, nadie merece tal cosa.
¿Y el color de piel? Claro, eso ya directamente no es nombrable como prejuicio, está muy claro y por ello lo he obviado, aun que no es malo recalcar, que seamos de donde seamos en otro lugar nosotros seremos los invitados. No se puede prejuzgar ni siquiera nombrarse por esto en un grupo social u otro.

Para terminar debería responder al concepto ¿Qué son los prejuicios?
Queridos asiduos, lectores, amigos... Los prejuicios no existen.
Nosotros somos el prejuicio. El prejuicio es odio. Es una creación por nosotros mismos que solo nos pierde y nos hace perder el tiempo. Nosotros somos los que heredamos y sucedemos ideas erróneas.
Nosotros solo tenemos la solución.

Si quieres conocer, conoce.
Si quieres encontrar no temas a perderte.

lunes, 12 de marzo de 2012

Tatuaje - MN

¿Cuántas veces nos tatuamos al día? Yo estoy en contra de los tatuajes. De lo que definimos como tatuaje, una pintura que nos solapa porción de nuestro cuerpo tapándonos a nosotros para mostrar algo que nos gusta, nos ha gustado, e incluso puede cansar.

Soy un fan del tatuaje diario, de despertarme por la mañana y que el primer tatuaje sea despegarme del pensar con pereza de un día más y que me solape al ser, eso ha quedado muy profundo, tal vez cursi o poético… 

Mi concepto de tatuaje podría decir que es la experiencia, pero la experiencia diaria, cada detalle es un tatuaje, cada conversación, cada relación, cada… ¿Pensamiento?
¿El mundo piensa? Es algo que de verdad me intriga, la gente ha sucedido de hacerse tatuajes al ser a hacerse tatuajes en la piel… Imaginaos a hombres de 70 años con el cuerpo pintado pero tan vacíos que no tengan nada que decir.

 ¡Quiero ser una esponja! Siempre me lo han repetido: “Marcos, tienes que ser una esponja, tienes que aprender de todo en todas partes, siempre para bien pero de lo bueno y de lo malo” porque quien no aprende nunca podrá enseñar.
Al principio no sabía muy bien como identificar el concepto, pero creo que esto es lo correcto, se podría decir que en parte estamos vacios, y tenemos que ir llenándonos y de nosotros depende como, hay gente que alardea de haber vivido de todo pero de vivir ese todo se quedan sin nada.
Me siento muy identificado con una frase de una canción de Mentenguerra que dice:
“Muchas veces impulsivo, otras muchas premeditado”
¡Pues claro! Cuantas veces me habré tatuado sin querer, y cuantas más, al día, sabiendo lo que hacía, en ambas ocasiones consecuentemente… ¿Pero cuántos no?  Eso me preocupa, que lo que para mí es una excepción, una acción en la que no sé lo que realmente me acarreará, o un comportamiento que a otro no le puede parecer correcto, pese a que siempre seremos políticamente incorrectos a los ojos de alguien, para otros es una forma de vida…
“Carpe Diem” ¡Vamos a hacer de todo! Que no… que el mundo está cegado, que te estás plasmando, que estás creciendo desde que te engendras hasta que falleces estás en un continuo crecimiento en todas las dimensiones, no hagas el tonto… Eso debería llamarse conciencia y debería estar en cada PERSONA, para que no se convirtiese en un NÚMERO ni tampoco tuviese la necesidad de tatuarse por fuera lo que por dentro no ha sido capaz de tatuarse en sí mismo.

(Aclaro que esto no es una crítica a los tatuajes, es una metáfora)

Que no se os olvide tatuaros un paso cada día.
Que no se os olvide no pasar del camino.
Que el camino es lo importante.
Que el vivir es caminar.


Por último hoy os dejo una película que vi hace poco y que volveré a ver dentro de poco sí o sí.
No os hablo de ella, os dejo el tráiler ¡y un 101% de recomendación!

“Un guerrero no se rinde ante lo que le apasiona, encuentra el amor en lo que hace”

martes, 6 de marzo de 2012

Tatuaje - JJ

Algo que pasa, que se siente, que se piensa. Algo que te marca para siempre.

Algo que va más allá de un aparato que zumba e introduce pigmentos en tu epidermis.
Algo que significa más allá de lo que aparentemente muestra, más allá de lo que parece ser.

Hablar por hablar, al igual que sentir sin pasión o llevar una imagen en la piel sólo porque mola, es más o menos igual, en el sentido de que es algo superfluo y superficial.

Y, de repente, me surge una pregunta: ¿qué es la vida?
¿Qué es la vida sino el proceso de tatuar el alma?
Los eventos importantes en la vida dejan marcas profundas. Son los trazos gordos que dibujan la silueta.
La primera vez que tus labios y los de la persona que te gusta se encuentran y se acarician.
La primera vez que tu mirada se cruza con la desesperación de alguien que para dar de comer a sus hijos no ve otra opción que pedir caridad en el metro.
La primera vez que unes tu cuerpo al de una persona a la que amas y que te ama.
La primera vez que ves a un ser querido sabiendo que es la última vez que va a poder quererte de viva voz.

Pero no todo son primeras veces, aunque haya una primera vez para casi todo.
El problema de las primeras veces cuando te marcan de esa manera, es que las últimas veces (pues todo lo que tiene principio termina teniendo fin).
Los eventos importantes de la vida no son únicamente primeras y últimas veces. Si la pasión nos acompaña, cada paso se puede convertir en un gran momento.

Y luego están los detalles. Todo, por superfluo e irrelevante que parezca nos va haciendo mella. Nos va desgastando, como el agua que gota a gota llega a perforar la roca más resistente. Pero también todo, por superficial y poco importante que parezca nos va construyendo, como el agua que gota a gota va dejando sedimentos hasta formar una montaña. Así, los detalles colorean el dibujo que simultáneamente se va conformando con los trazos gordos.

La vida es un tatuaje que nunca está terminado. Verlo como algo estático sería un error. La vida inmutable no es vida, sino muerte. La estabilidad es algo en cuyo nombre se han cometido verdaderos actos abyectos.
También en pos de ella se han realizado grandes descubrimientos.

Un verdadero tatuaje no es un adorno, no es algo para simplemente verlo. Es algo que forma parte de nosotros, somos nosotros o parte de nuestra esencia en mayor o menor medida.
Y el mío tiene forma de una tortuga con una clave de sol grabada en el caparazón. Y muchos, muchos colorines. ¿El tuyo?


miércoles, 8 de febrero de 2012

Ruido - JJ

Ruido. Chirriante, agobiante, molesto. Me refiero a ese ruido que no nos permite focalizar nuestra atención.
Todos hemos vivido una situación igual o similar a la de tener que ponerte a leer, estudiar, escribir... pero ser completamente incapaz de centrarse.

Respecto a ese tipo de ruido no hay mejor narrador y filósofo que vuestra memoria y los sentimientos que se despierten ante esos recuerdos. Yo vengo a divagar sobre un tipo de ruido que es más... suave, placentero. Pero a mí modo de ver es el causante de pasarnos gran parte de nuestra vida sin vivir.

Me explico: vivir, sin usar términos metafísicos, es vivir. Es decir, estar aquí, ahora. No vivir pensando en el pasado ni en el futuro.
Lo cierto es que no solemos disfrutar de la mayoría de actividades que realizamos cotidianamente. Al barrer, al fregar los platos, al ducharnos, al ir a nuestro lugar de estudio o trabajo... solemos dejar a la mente correr, volar, de aquí para allá, como un niño que no se puede estar quieto.
Ojo, que ni estoy diciendo que fregar sea un disfrute equiparable a un masaje bien dado, ni estoy diciendo que pensar y reflexionar sea contraproducente o infantil.
Me refiero a esa incapacidad que tenemos los seres humanos a la hora de centrarnos en una cosa. ¿Cuántas veces habré ido a por pan y de repente estaba en casa con las barras y sin ser plenamente consciente del trayecto?

La atención y la concentración son características de una mente firme, fuerte y estable. Y el ser humano es un ser vago y que tiende a hacer el mínimo siempre, siempre cambiante al son que marque el viento que sople más fuerte. Pero la atención y la concentración se pueden cultivar. Y no con fuerza de voluntad ni con técnicas especiales, como mucha gente cree. La fuerza de voluntad y las técnicas sirven, claro está, pero no son mágicas. Si obligas a tu mente a estar concentrada a la fuerza, la concentración será muy débil y tarde o temprano (más temprano que tarde) se quebrará.

La atención y la concentración han de surgir de manera natural. Han de crecer gradualmente (no me refiero a lentamente, sino a que tiene que ir creciendo pasando por todo el camino). Y esto, ¿cómo?
Siendo feliz. Una persona feliz se concentra y una persona que se concentra es feliz. Parece simplón y hasta tautológico, así que ahondaré más en la cuestión.

En muchas culturas hay mitos o historias similares, que cuentan como un rey -o emperador, príncipe, noble, rico- va a visitar a un sabio. Durante la conversación surge una pregunta: ¿quién de los dos es más feliz?
Siempre pasa que el rey cree que sin duda él debe ser el más feliz, ya que dispone de palacios, castillos, riquezas, mujeres, hijos... Y siempre el sabio, que no suele tener más que la ropa que lleva puesta y un cuenco para comer y beber, mete en vereda al rey, ya que le llama la atención sobre el hecho de que para ser feliz no hay que mirar fuera de uno mismo, ni dentro. Simplemente hay que disfrutar cada instante.
Sin duda, planificar el futuro y tener claro lo que se quiere hacer y a qué se aspira es algo bueno. Dejar de vivir en el presente y vivir en esas ensoñaciones no. Recordar el pasado, dejar que cicatricen los malos recuerdos y aportar buenos sentimientos a tu espíritu con los buenos es sano, te equilibra como persona el hecho de poder estar en paz contigo mismo, pero vivir en el pasado, normalmente amargado por antiguos recuerdos que sabes que no volverán, en lugar de vivir el presente, viviendo nuevas experiencias…

Muchas veces pasamos la vida viviendo en el futuro, y cuando tenemos madurez suficiente para darnos cuenta de que teníamos que haber estado viviendo el presente decimos eso de “si yo tuviera tantos años menos sabiendo lo que sé…”, y pasamos a vivir en el pasado. ¿No es más sencillo vivir el presente?
Como siempre, la distancia entre sencillo y fácil es enorme. El camino en sí es sencillo, es más o menos lineal, sin curvas cerradas ni desviaciones mejores o peores, pero recorrerlo es otro asunto. No es fácil vivir el presente. No es fácil vivir el presente sin condenar el futuro y sin olvidar el pasado.

Cuando se consigue estar concentrado en lo que se hace, piensa, siente en el momento actual de manera natural, es cuando una felicidad (a falta de una palabra mejor) también nace de manera natural y sincera dentro de nosotros.

Toda aquella persona que lea esto, sabrá de la existencia del ruido. Y también de la existencia de la inspiración. Cuando no nos concentramos es cuando nuestra energía fluye de manera errática en múltiples direcciones. Cuando nos concentramos, toda nuestra energía fluye como un río en la misma dirección. Se rompen los diques que tenemos dentro de nosotros, y sentimos cómo una sensación de alegría, o clímax, o como se quiera llamar, nos colma, nos llena.
El frenesí de la escritura.

Puede parecer paradójico que lo que intento explicar aquí, que parece que tiene que ver con una disciplina y una seriedad estrictas, yo crea que lo resumen muy bien unos versos de Javier Ibarra:

“hay quién ejerce su derecho a las ataduras
mas para mí es obligación vivir sin mesura,
hay que perder la compostura
y notar que la vida se nos sale por las costuras”

Y es ese tipo de ruido, el que nos impide concentrarnos en el presente, en la vida, es que más peligro creo que tiene, porque a veces se confunde tener una vida interior plena con tener una vida plena al completo.

"Nada altera mi concentración. Podrías hacer una orgía en mi oficina y yo no miraría. Bueno, quizá una vez."                                                                                                                              Isaac Asimov

JJ Varas

lunes, 6 de febrero de 2012

Ruido - MN

Quiero todas las puertas cerradas, para cuando hable de mi mismo. Quiero que ese mundo banal con realidades no tan reales, fundamentos inexistentes y sueños de cristal se queden fuera de mi mismo cuando hable. Que no entre absolutamente nadie cuando mande silencio.
Estoy cansado de este mundo que con ruido y ruido y más ruido carcome a quién lo pisa.
La gente ya no se va de aquí, y eso me disgusta, ahora todo el mundo huye.
El ruido nos va volviendo vulnerables, cobardes y dependientes de cosas absurdas. Ya lo he dicho varias veces, ya cada vez menos la gente se acuerda menos de las personas, y de su crecimiento, valores, fundamentos... Cada vez más torpes, cada vez con menos principios... ¿Qué más?
Tambien sucede cada vez con más frecuencia que la gente se olvida de pensar, reflexionar, volverse a uno mismo… A mí me gustan mucho los vuelos mentales.
Volar mentalmente además a mí me parece que suena muy bien, atractivo,  llevadero… Nada más lejos de lo que es.
Porque hoy en día vayas donde vayas, hay ruido. Siempre habrá una televisión, siempre habrá futbol, siempre habrá algo que te haga olvidarte de ti…
Pero los vuelos no amigo, los vuelos son todo lo contrario… Yo empecé a volar un día que me hacía falta de verdad, y a veces se me sigue olvidando, pero procuro que no.
Cada dos por tres necesito ordenar mis ideas, ordenar mis sentimientos y ordenarme a mí mismo.

Creo que en los vuelos mentales hay varias partes imprescindibles.

1.    El querer mueve montañas, y el que mueve montañas se puede llegar a mover a uno mismo. Si de verdad queremos ensimismarnos podemos. Si nos ensimismamos crecemos, es efecto dominó, necesitamos nuestro amor propio para poder querer al resto.

2.    Adiós móvil, internet, todo a lo que siempre vamos para ''desconectar'' ...

3.    No pensar el cuanto ni el donde… Suele venir solo. A mí me gusta ir a los lugares especialmente donde siempre estoy con gente, pero solo, tan sencillo como eso.

4.    Tener claro que hay algo para ordenar. Por ejemplo, cuando vas a ordenar tu habitación, lo haces porque está llena de mil cosas que sobran, mil cosas que faltan y mil cosas que están mal colocadas. Pues lo mismo, pero contigo mismo.

5.    Sé optimista. Pienses lo que pienses. Mucha gente que nunca ha pensado, genios, alguna vez en su vida alguien ha llegado y la ha dicho: ‘‘¡Pero piensa!’’ y hay sonó el ¡Click! Que les convirtió en genios o locos.

Creo que con esto es suficiente. Una vez me lo dijeron a mí: ¿Nunca has paseado contigo mismo?
Estuve, sin exagerar, pensando dos días sobre ello, nunca lo había hecho. Al tercero, me subí en un autobús bien temprano y me fui solo a Madrid, con el móvil apagado, sin nada más que yo.
Creo que fue uno de los momentos en el que más ideas tuve sobre todo. Vi a todo el mundo corriendo, con sus tantas preocupaciones, con cachivaches para arriba y para abajo… Fue un regalo, cuando volví, me repito, tenía todo en orden, todo claro, y serenidad conmigo mismo. Nunca lo repetí, me dio miedo perder esa sensación, estropearla con algo no tan chocante, por eso cada vez cambio de sitio, o repito pero nunca he vuelto yo solo a los lugares donde fui por primera vez. Cuantos más recuerdos tenga el lugar más divertido me parece.

Saquemos en claro:

Los vuelos mentales tienen el porqué a cada uno de tus peros. Y seguirás estando entre el ruido pero podrás
ser ''sordo'' durante el tiempo que puedas y quieras.

Nunca desistas a prejuicios, luchas perdidas ni problemas del mundo… Siempre valdrás más que el mundo, y el mundo siempre querrá valer tanto como tú.

El ruido es una perturbación, un alboroto, algo inarticulado, casi roza el sinónimo de mundo. Y es totalmente evitable, siempre que se quiera.

La diferencia entre irse y huir es crucial: Nos vamos para crecer, volver y mejorar; quién huye no sabe lo que hace.

Escribo de noche que es cuando el ruido no me puede comer.
El ruido de tanto mundo paso a paso queda mudo.

martes, 24 de enero de 2012

Metas - MN

Trenes, todos hablan de trenes, trenes que pasan que no vuelven… ¿Qué dicen?

Nosotros somos los trenes, salimos de una estación presurosos, con incontables vagones vacios que ansiamos llenar hasta que rebosen, pasamos por estaciones y estaciones, hay las que nos van completando ese vacío de vagones, y quitándonos los vagones vacíos. Los trenes tendemos a completar el vacío o hacerlo desaparecer, pero que no nos pregunten el porqué, quizás el no saber el porqué buscamos rebosarnos no acabamos de hacerlo nunca.
Claro, también hay un segundo tipo de estaciones que directamente nos ceden vagones rebosantes, que nos llenan el vacío que ya existía en los que poseíamos, nada más empezar nuestro recorrido, por la mitad o cuando estemos al filo de concluirlo. Y por último, hay un tercer tipo de estaciones, estas aparentemente no nos aportan nada, ni nos quitan, aparentemente, debido a que suelen posicionarse en rectas donde los trenes más rápido van, son pequeñas, pero también aportan en caso de saber parar. 

Nunca, antes de ponerme a escribir esto, había pensado en el concepto de metas. Y esto debe suceder con  frecuencia, pese a que todos hablamos de la ilusión, y efectivamente todos lo hacemos (Pues yo quiero… / A mi me gustaría…) y con estas ilusiones identificaría al primer tipo de estaciones que he hecho referencia.
Pongamos que el tren, nosotros, cuanto más cargados, de ilusiones, vamos más rápido avanzamos o queremos avanzar. Entonces pongamos que los vagones son las ilusiones y en cuanto se llenan se cumplen, por ello estas estaciones o nos retiran las no cumplidas, o nos conceden las que podemos cumplir.
 
El segundo tipo de estaciones. Ya anteriormente hablé de mi concepto de Ego y del de Fidelidad y creo que a esto se le puede sacar relación. Pensando que un tren, conformado solo por una locomotora, no es nada. Y que no se puede conformar a una persona solamente de ilusiones y experiencias. Veo gran referencia entre este segundo tipo y relaciones (Amistades, intimidades…) Claro, los vagones que adquirimos de por sí rebosantes son las personas que, siempre, nos aportarán algo.

El tercer y último tipo de estaciones, son los que normalmente planteamos como, única oportunidad. Creo que tampoco hay que darle mayor importancia a este apartado, todas las estaciones nos aportan algo, esa es la esencia, cada una de manera distinta.

Yo no soy quién para decir que puede ser considerado meta y que no. Porque según cada persona, y cada persona es un mundo, en el sentido más literal de la palabra. Para una persona puede ser dormir en una cama, y para otra aumentar de la forma que sea su cuenta bancaria… Generalmente, en un mundo tan materialista, todo busca la felicidad, pero eso me arriesgo a decirlo, se busca de forma ficticia. Pese a lo que nos digan nos seguiremos refugiando en nuestros juegos efímeros. Normalmente no seremos capaces de admitir la importancia que tienen las personas en la consecución o cambio en nuestras metas, y si dejamos pasar un pequeño detalle que conlleva una gran oportunidad lo negaremos, lo negaremos y con esta negación perderemos una y otra oportunidad. Abandonemos nuestra vista del final y seamos realistas, siendo optimistas para el futuro sin vivir para el futuro.

¿La meta es la felicidad? La meta es el camino
En el camino se puede ser feliz, la meta no es el final, la meta es la satisfacción de saber que hacíamos lo que debíamos, la satisfacción de sabernos amados por ser, no por estar ni parecer. Por ser nosotros mismos, fuera de títulos, apelativos ni ningún adjetivo.

La verdad  es que nos hablan de metas desde niños ¿Qué quieres ser? Y casi todos dicen una profesión, algo idílico. Yo quiero ser yo con los míos, fiel como siempre y seré feliz porque es mi esencia.

No descarrilen.

Metas - JJ

¿Qué es una meta?
Una meta es un objetivo, es algo por lo que luchas.
Se puede luchar para tener o para ser, si se quiere hacer algún tipo de distinción, pero tener siempre es reductible a ser, ya que si se desea poseer riquezas, se lucha para ser rico.

Solamente hay una condición previa, decisiva y obvia: la meta debe ser o representar algo que no se tiene o que no se es, ya que no se desea conseguir lo que ya se tiene o lo que ya se es.
Siguiendo con el anterior ejemplo, si la meta es poseer riquezas -o ser rico- es porque se está insatisfecho con un estado de pobreza.

Pero claro, esto no es tan sencillo como parece, y menos cuando se aplica a una meta a nivel espiritual. Y con espiritual no me refiero a algo elevado, sagrado ni alejado de la vida cotidiana, me refiero a la vida normal, la del día a día, de cualquier persona.
Cualquier problema que se pueda tener se puede reducir a la infelicidad, bajo una forma u otra.
De modo que intentamos huir de la desdicha y alcanzar la felicidad. Esto es, la felicidad como meta.

Durante toda la vida estamos buscando la felicidad de un modo u otro. Nadie busca el sufrimiento y la infelicidad, todo el mundo busca su felicidad. La mayoría de la gente, si es sincera consigo misma, debe admitir que su vida es un estado fluctuante de más o menos disgusto e insatisfacción, interrumpido por momentos de felicidad y alegría que hacen olvidar temporalmente el descontento y el malestar.
Y, como todos sabemos, fracasamos, porque la felicidad no es un estado eterno sino temporal.
¿La alternativa? Sencillamente ser conscientes.

Al ponernos la meta de ser felices, nos imaginamos así, en vez de vivir en el presente, centramos nuestra atención en algo que no existe. Establecer metas es un sustituto de la atención, del autoconocimiento.
Sea cual sea nuestro problema nos ponemos la meta de ser felices. Establecemos incluso los pasos que tenemos que ir dando. Y siempre, tarde o temprano, nuestra decisión flaquea. Sencillamente porque tratamos los síntomas en lugar de la enfermedad. No podemos escapar de la infelicidad siendo alegres. Necesitamos ser conscientes de que sufrimos y observar ese sufrimiento más a fondo. Debemos comprender la causa de la infelicidad, comprenderla plenamente, y no sólo de manera intelectual, sino con todo nuestro ser.

Se podría decir que los momentos tristes y difíciles de nuestras vidas abren heridas. Y deben cicatrizar. Enfrentarse a la realidad y ser conscientes de ella puede ser duro, y si no estamos en un estado que nos permita prestar atención a la realidad y sobrevivir no es plan. Pero tarde o temprano se ha de tomar el camino duro: enfrentarse. La heridas cicatrizarán, y las cicatrices formarán parte de nuestro ser, y dolerán de vez en cuando. Cuando miremos esa cicatriz sin que se abra y sangre, será cuando hayamos superado totalmente el problema.

Así pues, si se quieren conseguir las metas, no hay que dejar de ser conscientes, de prestar atención a cada paso, de ser constantes. Pero aún existe un peligro: confundir los medios con la meta. Los medios nunca podrán ser una meta en sí mismos. Cuando alcancemos la meta, los medios sin duda nos habrán servido para llegar hasta allí, pero ahí se quedan. Es la meta lo que realmente importa.

El hecho de que los medios nunca serán fines no entra en contradicción con el hecho de que las personas muchas veces vean los medios como fines, incluso sin darse cuenta. El mejor ejemplo quizá el la religión, y me refiero sobre todo a las religiones cuya meta es la felicidad, que presentan un "premio" es una eternidad de gozo y alegría y que se consigue creyendo en unas determinadas cosas y haciendo determinados ritos. Lo que ha terminado pasando es que mucha gente se aferra a esos ritos y esas creencias como si fueran la felicidad en sí misma.

Lo que estoy intentando decir ya lo dijo Buda hace mucho:
"Mi enseñanza es sólo un método para experimentar la realidad, no la realidad en sí misma, de la misma manera que el dedo que señala la luna no es la luna. Una persona inteligente utiliza el dedo para mirar la luna, aquél que quede apegado al dedo, nunca verá la luna. Mi enseñanza es como un bote que se utiliza para cruzar el río. Sólo un tonto cargaría con el bote habiendo llegado ya a la otra orilla".

JJ Varas